Antes de que Nolan le pusiera cámaras IMAX, Tucídides, Calímaco, Polibio o Estrabón ya jugaban a ponerle coordenadas al viaje de Ulises. Este es el resultado: la ruta "canónica" de la tradición clásica, con la puerta del infierno en Nápoles, las sirenas frente a Positano y siete años de retención en un islote de Malta. Eratóstenes avisó de que el juego era absurdo. Llevamos 2.300 años jugando. Pulsa en cada escala: qué pasó allí, quién decidió dónde fue — y cuánta tripulación quedaba.
La ruta une las identificaciones tradicionales de cada episodio, priorizando las que ya circulaban en la antigüedad: Tucídides daba por sabido lo del estrecho de Mesina, Calímaco puso a Calipso en Gozo y la Roma de Horacio llamaba "lestrigón" al vino de Formia. Donde los antiguos discrepaban, elegimos la candidata con más solera y dejamos las demás en su ficha. Esto es un juego con 2.300 años de pedigrí, no arqueología: ya Eratóstenes se burlaba diciendo que encontraríamos la ruta de Ulises el día que encontráramos al zapatero que cosió el odre de los vientos. La línea es esquemática (une escalas por mar; no reconstruye derrotas náuticas reales) y sí: cruza el estrecho de Mesina dos cantos antes de que Ulises lo "descubra". Bradford montó media teoría alternativa solo para arreglar eso.
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